Regalar bonito también es un acto ecológico

Regalar bonito también es un acto ecológico


¿Sabías que este sábado 19 de septiembre, cerca de 8 de cada 10 colombianos van a celebrar el Día del Amor y la Amistad, y que más de la mitad ya tiene un papelito con un nombre para el Amigo Secreto?


Regalar bien no es una cuestión de presupuesto, es una cuestión de atención. Y resulta que la misma atención que hace que un regalo se sienta especial es, casi siempre, la que evita que termine, junto con su empaque, en una caneca a los cinco minutos de haberlo abierto.

 

Lo que Colombia ya hace bien, sin darse cuenta

En Colombia el papel de regalo más común es el papel kraft o de estraza, ese café, sencillo, que seguramente tienes guardado en un cajón ahora mismo. Es una casualidad afortunada: ese papel es 100% reciclable, sin importar si tiene estampados, moños dibujados o si terminó un poco roto. El problema nunca ha sido el papel, es todo lo que le ponemos encima. Los moños brillantes, las cintas plastificadas y el exceso de cinta adhesiva son justo lo que un centro de reciclaje no puede procesar, y son lo primero que convierte un papel perfectamente reciclable en basura mixta.

 

El regalo que nadie recuerda

Según encuestas de Fenalco, buena parte de los colombianos que participan en Amigo Secreto lo hacen en la oficina, con presupuestos que casi nunca superan los $100.000. Y ahí aparece el verdadero problema: bajo la presión de gastar poco y rápido, es fácil caer en el detalle genérico, la libreta cualquiera, el lápiz labial de $10.000 sin dueño real, el regalo que ni siquiera la persona que lo recibe va a recordar en una semana. No queda bien con nadie, y tampoco le sirve al planeta: es lo peor de los dos mundos.

 

La versión que sí vale la pena envolver

Un jabón artesanal, un bálsamo labial, un mini aceite esencial cuestan lo mismo que cualquier detalle genérico de Amigo Secreto, pero se usan, se sienten, y en el caso de Izana, nunca vienen envueltos en plástico, porque esa es una regla que no rompemos ni en el empaque más pequeño. Nuestras cajas son de cartón reciclable, el papel seda que usamos se puede compostar en vez de ir a la basura, y para decorar solo hace falta lo que la naturaleza ya tiene a la mano: unas hojas secas, una ramita pequeña, un pedazo de cabuya en vez de un moño plastificado.

 

 

Un buen regalo no necesita brillar con escarcha para notarse. Necesita que a la persona que lo recibe, y al planeta que lo recibe después, les quede algo bueno.

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.